¿Por qué no puedo dejar de fumar?

“De hoy no pasa: voy a dejar de fumar”. ¿Cuántas veces te dijiste esta frase? Pero la realidad es que es más sencillo decirlo que hacerlo y que la cifra de adictos a la nicotina en Argentina  sigue siendo elevada. El 32,9% de los hombres de 15 a 64 años y el 26,6% de las mujeres fuman cada día. ¿Lo más preocupante? Que la cifra de fumadoras aumenta año a año. Las mujeres cercanas a los 40 años tienden a dejar el tabaco en menor proporción que los varones de la misma edad. A su vez, las adolescentes empiezan a fumar casi en un 50% más que sus coetáneos varones. Esto hace que en determinados grupos de edad, fumar haya pasado a ser una actividad femenina

El último cigarrillo

Seguro que esta no es la primera vez que te planteas abandonar el tabaco. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto decirle adiós al cigarrillo?  Hasta ahora se consideraba a la nicotina la responsable de ese enganche. Al fumar, esta sustancia es absorbida por los pulmones y de ahí se distribuye por el resto del cuerpo hasta llegar al cerebro. Una vez en él, provoca la liberación de unas sustancias que provocan un aumento de la concentración, el relax y el placer. ¿Y qué ocurre después? Que cuando la nicotina desaparece, el organismo vuelve a requerirla para sentirse bien.

Pero ahora la ciencia apunta a que en este binomio tabaco-adicción no es solo la nicotina lo que nos engancha, sino que nuestros propios genes pueden jugar en nuestra contra. Según un estudio de la Universidad Europea de Madrid llamado ‘Smoking Genes: ¿por qué fumamos?’. En él, el investigador Félix Gómez-Gallego y su equipo demostraron que nuestro ADN marca que seamos metabolizadores lentos o rápidos; es decir, que podemos eliminar la nicotina de una forma reposada o acelerada. “Parece ser que aquellas personas que poseen un metabolismo rápido de la nicotina, cuando empiezan a tontear con el tabaco, experimentan una mayor sensación placentera y menos síntomas desagradables (dolor de cabeza, sensación de mareo…), por lo que son candidatos a convertirse en fumadores habituales”, explica el investigador. Según estos resultados, por el contrario, la persona con un metabolismo lento tiene menor riesgo de convertirse en fumadora habitual, porque para ella el tabaco tiene más efectos adversos que placenteros.

Una vez descubierto este mecanismo, el objetivo es utilizar estos conocimientos genéticos para garantizar el éxito de los tratamientos para dejar de fumar: “En un futuro cercano se utilizarán los polimorfismos genéticos como marcadores adicionales que permitirán seleccionar el tratamiento más adecuado para cada fumador e incrementar así los ratios de abstinencia y, por tanto, la posibilidad de éxito”, vaticina el investigador Félix Gómez-Gallego. Los genes son, por lo tanto, nuestra condena, pero también se pueden convertir en la mejor arma contra el tabaquismo, no solo a la hora de escoger el tratamiento, sino también para evitar empezar a fumar. Para lograr este último objetivo, el Colegio Médico Weill Cornell de Nueva York (EE.UU.) está trabajando en una “vacuna genética”, una inyección con genes programados que se incluiría en el calendario vacunal infantil y que es capaz de hacer que el organismo genere anticuerpos capaces de neutralizar la nicotina antes de que esta llegue al cerebro, con lo que desaparecería la sensación de placer.

Chau Pucho, Hola Kilos

Mientras llegan estas soluciones, hoy por hoy quienes deciden dejar el tabaco deben hacer frente al principal temor a la hora de asumir este reto: el aumento de peso. La experiencia dictamina que convertirse en exfumador supone engordar de dos a cuatro kilos. Un aumento provocado porque la nicotina del tabaco acelera nuestro metabolismo basal. “Esta sustancia activa el proceso de combustión de la grasa. Así, durante los primeros días sin ella, el exfumador puede aumentar de peso. En esos momentos, además de usar chicles, parches… se debe sustituir la nicotina por otros elementos que hagan que las ganas de fumar se disipen y, a su vez, no engorden, como por ejemplo, chocolate negro, manzana verde, pepinos en vinagre o infusiones calmantes”, explicó Concepción Vidales, autora de ‘Lo mío no es hambre, es ansiedad’. Evitar esos kilos está en nuestras manos. Para conseguirlo, los expertos aconsejan acompañar de consejos higiénico-dietéticos todo proceso de abandono del tabaco y, además, ya existen fármacos como la vareniclina, que hace que los pacientes ganen menos peso, además de aumentar las posibilidades de éxito.

Tabaquismo femenino

Por la balanza. Uno de los factores que animaban a la mujer a continuar fumando era el miedo a engordar, según un estudio realizado por Mª Ángeles Planchuelo Santos, vicepresidenta de la Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo (S.E.D.E.T). La industria tabaquera se ha encargado de mantener esta creencia desde que en los años 30 la American Tobacco relanzara al mercado ‘Lucky Strike’, utilizando el mensaje “Para mantener una esbelta figura… opta por un Lucky en lugar de por un dulce”.

Por estrés. Este síntoma psicológico es otro de los factores que influyen en el mantenimiento del hábito tabáquico en las mujeres. En la mayoría de las ocasiones, las fumadoras ven el fumar como una recompensa al exceso de presión. Seguramente en más de una ocasión tú misma has pensado: “Necesito un cigarro para relajarme o desconectar durante 10 minutos”.

Más cáncer para ellas

Si necesitás un motivo más para dejar de fumar, piensa en este: el aumento de cáncer de pulmón en fumadoras es una realidad. El cáncer de pulmón en la mujer se está convirtiendo en un problema de gran envergadura. Las cifras recién publicadas en EE.UU. suponen que la incidencia ya es igual en ambos sexos, el 14% de los diagnósticos de cáncer. Así mismo, cada vez hay un número mayor de mujeres con EPOC e insuficiencia respiratoria crónica. Por si estos datos no fueran suficientes aquí tienes otro de los peligros que conlleva el tabaco: el cáncer de mama. En el último congreso sobre cáncer de mama que se celebró en San Antonio (EE.UU.) se establecieron unas recomendaciones muy claras para disminuir el riesgo de padecer esta enfermedad: no fumar o reducir el consumo de tabaco, aumentar la actividad física y evitar el exceso de peso.

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